Breve comentario sobre la importancia del tiempo en los sonetos de Shakespeare
En el soneto 123 de Shakespeare la voz lírica le habla al tiempo, lo personaliza y dialoga con él. El soneto es un cara a cara con el tiempo, un enfrentamiento. Pero un enfrentamiento en el que esta voz se reconoce derrotada de antemano; sabe que está limitada por su finitud. El tiempo es el verdugo. Pero a pesar de que esa batalla con el tiempo está perdida antes de iniciarse, el consuelo es la conciencia de ese límite; conoce la ventaja que sobre él (la voz lírica da en todo momento indicios de ser masculina) tiene el tiempo y a la vez lo irracional y cíclico de su funcionamiento:
“Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia”
Un mecanismo similar opera en el poema Las cosas de Jorge Luis Borges, en el que luego de una enorme enumeración de elementos concluye:
“…¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido;
no sabrán nunca que nos hemos ido.”
También aquí podemos apreciar la idea de finitud y conciencia de lo temporal. Se asume el irremediable enfrentamiento con la muerte como un acto real y natural del ser humano, pero también se hace notar la necesidad de seguir presente y la manifestación de la voluntad de vivir a pesar de ese destino ya prefijado:
“Por mí, te juro que he de ser constante
a pesar de tu hoz y de ti mismo”
Para Shakespeare el tiempo es fundamental, ya que temas como el amor están planteados en términos de continuidad, de historias de identidades de sujetos concretos que no pueden ser sustituidos por otros. El ciclo de vida cobra prestigio y se enaltece a través del amor. En la figura del joven bello se insta a la procreación y continuidad de la especie; además de la condición pecaminosa del no procrear, el problema que se pone de relieve es la pérdida de esa belleza en la discontinuidad.
En la dark lady se nos figura la imagen de la persona expuesta a la premura de la carne, la imagen opuesta a la mujer ideal, es la condición humana y material del amor, donde también entra en juego la idea del tiempo y la continuidad, ya que ella es la imagen de la procreación. Con ella se puede obtener el mismo placer que con las otras mujeres, pero además sus condiciones de fertilidad, que son superiores a las de las otras, le permitirá continuar con su descendencia.

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